martes, 31 de marzo de 2009

De noche


Vidas no exactamente paralelas ni exactamente simultáneas. Una de ellas ocupa un porcentaje menor de mi tiempo, pero es muy intensa, tan intensa que se me antoja tan real como la otra, la más extensa. Hay entre estas vidas una aduana de la que no soy realmente consciente, pero está: esa que lleva de la vigilia al sueño y viceversa.

Y es que últimamente, en mis sueños, todo es diferente a lo que existe en la realidad tangible. Todo.

En ellos aparecen las personas que me rodean, pero sus roles son diferentes, actúan de distinta manera, nos relacionamos de maneras incluso opuestas a las reales. Incluso las cosas que hago, que digo, son incongruentes con mi vida diaria.

Ya sé que por eso son sueños, pero nunca había sentido tan nítidamente esa diferencia, porque mi vida nocturna sucede un día tras otro en perfecta coherencia, precisamente como si de día fuese una persona, pero siempre la misma, y de noche otra, pero siempre la misma.

No sé si me produce más desasosiego la incoherencia entre las dos vidas o empezar a dudar de cuál de las dos vidas me parece que encaja más conmigo.

Supongo que en algún momento parará. Y sé que voy a echar de menos a esa Sara que vive de noche.

Mucho.