Desde aquel momento.
Recuerda que se puso un sobrero verde de su abuelo y lo sintió. Empezó a hablar como un adulto, grave, serio, pero su voz de cuatro años lo delataba y todos comenzaron a reir. Supo, en ese mismo momento, que sería actor.
Adoraba sentir la emoción, los nervios, el vértigo inicial. Su vida se llenaba cuando hablaba desde otros. Llevaba quince años de carrera y, sin embargo, cada una de las veces que salía a escena notaba que se paralizaba, sudaba, el estómago se le reducía a una pequeña nuez. Apenas nadie entendía que, amando tanto el teatro, también pudiera sufrir de ese modo.
Ni siquiera Cyrano lo entendía. Era su personaje, el que más había interpretado y al que más amaba. Pero tampoco él entendía que se empeñara en estar noches enteras sin dormir antes de un estreno. "¿Por qué no te dedicas a otra cosa?, existes, eres real. Yo soy un personaje, no puedo elegir, pero tú sí, cambia". Se miraron un segundo como viejos conocidos y surgió el reto: "deja, por una vez, de ser personaje y conviérte en actor" . Cyrano lo pensó, se puso blanco y sonrió: "No puedo, no soportaría el miedo escénico".