He querido mucho.
Me han querido mucho.
Y, sin embargo, sigo sin saber despedirme. Quizá debería haber pedido eso de regalo de reyes, un curso acelerado de despedidas.
Pero imagino que ya es tarde, los reyes han dejado en mis zapatos una llama, y voy a cuidarla hasta que crezca tanto que no pueda nunca volver a ser cerilla.