domingo, 10 de enero de 2010

aprender a despedirse


He querido mucho.

Me han querido mucho.

Y, sin embargo, sigo sin saber despedirme. Quizá debería haber pedido eso de regalo de reyes, un curso acelerado de despedidas.

Pero imagino que ya es tarde, los reyes han dejado en mis zapatos una llama, y voy a cuidarla hasta que crezca tanto que no pueda nunca volver a ser cerilla.

Mis amigos


Hace frío.

Mi terraza comienza a llenarse de blanco y los tejados de Madrid hacen lo mismo que ella. Nieva.

Enciendo una vela y sonrío.

Hace frío en la calle.

Y yo sonrío y me lleno del calor de mis amigos, sola, en casa, siento cómo ellos me devuelven mi sonrisa.

Gracias. Espero que sepáis cuánto os quiero.

Sin vosotros, nada.