La vida es algo muy curioso.
De a ratos uno cree que todo pasa alrededor sin tocarle, como si fuera un espectador más que no está invitado a participar. Uno mira, reflexiona, juzga y, por supuesto, cree estar en posesión absoluta de la verdad.
Pero la vida es una puta, y es precisamente en ese instante cuando se baja del escenario, te toma de la mano y te dice: "arriba, es tu turno", y es justo en el momento clave de la obra, en ese punto de inflexión en el que todo se decide, en el que el rumbo de los personajes depende de lo que tú, el nuevo actor, hagas. Y entonces todo deja de estar tan claro, y entonces es imposible juzgar, y es entonces cuando de verdad comprendes que nada hay comprensible.
Un encuentro, sin más, amigos a los que volver a ver. Y de golpe una sonrisa que no esperas y que lo ilumina todo. Y entonces unos ojos en ti que aceleran tu ritmo.
Y un primer mensaje calmado que aún no era preocupante porque yo seguía sentada en el patio de butacas. Y las ganas de que pasaran los días. Afianzando en mis manos las riendas para no dejarlas caer, para no soltarlas. Pero pensé que no pasaba nada, que aún seguía sentada con mi entrada en la mano y que la obra sucedía al margen de mí. Pero la vida, esa zorra, ya me había metido en escena sin yo saberlo. Y de repente dos horas que se me antojaron mías, y unos ojos en mi cuello que lo cambiaron todo. Y un mensaje de madrugada con incendio incluido y un amanecer suponiendo, y mi lo siento y tu gracias por no ser prudente. Y luego mil mensajes más en los que yo no sabía qué, y respuestas que empezaron a romper algo en mi, que iban, de a poquitos, aflojando de mis manos las riendas.
Y palabras, y cuentos, y poemas, y gracias por Withman y yo también adoro a Galeano, y no me digas que te gusta tanto la física como la filosofía, y el tiempo que uno se inventa, y el incendio que se hace volcán, y esa fantástica idiotez transitoria que ha transitado más tiempo del que pensábamos, y te regalo una palabra y el cern y haikus, y treguas que no sirven para nada, y derivadas, y un ‘no puede ser’ dicho bajito, no vaya a ser que se me oiga y la magia se rompa, y no te preocupes que todo está bien, y un árbol desde el que verlo todo pero del que da vértigo bajar y en el que da vértigo estar, un árbol desde el que caer y curarse y volver a herirse y no te preocupes que estoy aquí, y enredarse en el pirulí y sobrevolar el Kilimanjaro, y una historia por fascículos y un nudo en mi estómago al leerlos. Me quedo de esos días con los colores, con los nervios, con el mirar durante horas el techo de mi cuarto sin poder dormir, con mi adolescencia de 35 años que ha durado un mes entero, me quedo con las laderas de los días y las fachadas de las noches, me quedo, sin duda, con tu sonrisa.
Y el viernes, y recordar, de golpe, que aquí no tenemos batidos, sólo horchatas. Y ese arcoiris en mi cara por reir y llorar al mismo tiempo. Me quedo con los no reproches, me quedo con las no explicaciones, me quedo con los no pedir perdón porque en realidad nada de eso era necesario, porque los dos sabíamos. Y un sábado de qué hago y un domingo de coraje. Me quedo con tus ojos de asombro fijos en los míos, me quedo con un ‘¿me puedo sentar?’, me quedo con unas palabras que no me esperaba pero que supe colocar en seguida, me quedo con tu ‘no quiero decirte nada más que voy a liarla de nuevo’. Y luego el lunes y luego el martes y luego un cuento. Y dos olores que se quedan en uno. Y la seguridad, la confianza ciega vete tú a saber porqué.
Y segura de que, de nuevo, la verdad iba a estar esperándome en casa en un mensaje. Y mil gracias. Y yo temblando.
Me quedo con un amigo al que intuyo grande, limpio, honesto, brillante.
Y mil gracias por esa magia que está siempre entre nosotros y que reconocemos tan bien, y que seguirá estando, te lo prometo, aunque ahora tenga otro rostro.
Y me quedo con el saber hacerlo. Me quedo con unos ojos que dicen mil cosas mientras las palabras me hablan de nada, con la sonrisa de todo está bien, con el sentir que todo funciona.
Y de todos esos días de tú y yo me quedo con las horas de pensar y con la sensación de encajar y fluir, me quedo con un amigo al que no conocía y al que descubrí de golpe dentro de mi. Me quedo con mis manos deseando tocarte al andar pero sin saber cómo hacerlo. Me quedo con la magia y con la música. Y me quedo con ese echarte de menos justo al borde de una carretera, me quedo con esa sensación de "ay dios mio" al abrir de nuevo la puerta de casa.
Es tan dificil que pase algo como ésto, que me quedo, sobre todo, con que este tiempo sea un comienzo, porque este tiempo es parte de este punto y final, porque es una hermosa lección saber dejar ir a las personas cuando tienen que hacerlo y quedarme con lo que me han hecho sentir.
Me quedo, de mi, con esta manía que tengo de ir siempre sin parapetos, a pecho descubierto. Me quedo, de ahora, con esta sensación de paz. Me quedo, de ti, con todo. No sabes el bien que me has hecho.
Y entonces el miércoles y entonces el jueves y entonces hoy.
Y el viernes, y recordar, de golpe, que aquí no tenemos batidos, sólo horchatas. Y ese arcoiris en mi cara por reir y llorar al mismo tiempo. Me quedo con los no reproches, me quedo con las no explicaciones, me quedo con los no pedir perdón porque en realidad nada de eso era necesario, porque los dos sabíamos. Y un sábado de qué hago y un domingo de coraje. Me quedo con tus ojos de asombro fijos en los míos, me quedo con un ‘¿me puedo sentar?’, me quedo con unas palabras que no me esperaba pero que supe colocar en seguida, me quedo con tu ‘no quiero decirte nada más que voy a liarla de nuevo’. Y luego el lunes y luego el martes y luego un cuento. Y dos olores que se quedan en uno. Y la seguridad, la confianza ciega vete tú a saber porqué.
Y segura de que, de nuevo, la verdad iba a estar esperándome en casa en un mensaje. Y mil gracias. Y yo temblando.
Me quedo con un amigo al que intuyo grande, limpio, honesto, brillante.
Y mil gracias por esa magia que está siempre entre nosotros y que reconocemos tan bien, y que seguirá estando, te lo prometo, aunque ahora tenga otro rostro.
Y me quedo con el saber hacerlo. Me quedo con unos ojos que dicen mil cosas mientras las palabras me hablan de nada, con la sonrisa de todo está bien, con el sentir que todo funciona.
Y de todos esos días de tú y yo me quedo con las horas de pensar y con la sensación de encajar y fluir, me quedo con un amigo al que no conocía y al que descubrí de golpe dentro de mi. Me quedo con mis manos deseando tocarte al andar pero sin saber cómo hacerlo. Me quedo con la magia y con la música. Y me quedo con ese echarte de menos justo al borde de una carretera, me quedo con esa sensación de "ay dios mio" al abrir de nuevo la puerta de casa.
Es tan dificil que pase algo como ésto, que me quedo, sobre todo, con que este tiempo sea un comienzo, porque este tiempo es parte de este punto y final, porque es una hermosa lección saber dejar ir a las personas cuando tienen que hacerlo y quedarme con lo que me han hecho sentir.
Me quedo, de mi, con esta manía que tengo de ir siempre sin parapetos, a pecho descubierto. Me quedo, de ahora, con esta sensación de paz. Me quedo, de ti, con todo. No sabes el bien que me has hecho.
Y entonces el miércoles y entonces el jueves y entonces hoy.
Quiero que sepas que entiendo, que sé que todo está donde tiene que estar.
Un amigo me dijo un día: "ver es creer, pero sentir es estar seguro".
Y eso ha sido todo. Al menos hasta ahora, porque la vida a veces decide y uno ya no puede hacer nada salvo dejarse llevar.
La puta vida.
Dios, cómo la amo.
Un amigo me dijo un día: "ver es creer, pero sentir es estar seguro".
Y eso ha sido todo. Al menos hasta ahora, porque la vida a veces decide y uno ya no puede hacer nada salvo dejarse llevar.
La puta vida.
Dios, cómo la amo.