Hoy, precisamente hoy, me he reencontrado con una película de esas hermosamente dolorosas: Salvador (Puig Antich).
Y me ha hecho mirar ayer de otra manera. Y me ha hecho recordar que hace muy poco tiempo, apenas unos días, no había debates, ni carteles, ni programas políticos. No había jornada de reflexión porque reflexionar estaba prohibido. Y, si a alguien se le ocurría pensar y decir, peor para él. Y por eso la importancia de ayer hoy se me multiplica por mil.
Y, francamente, me da vergüenza. Vergüenza que hayamos convertido aquella lucha en este circo, vergüenza que se manipule, que se utilice, que se insulte, que se invente, que se retuerza. Me da vergüenza. Y vuelvo a sentirme anacrónica, como me pasa millones de veces, cuando escucho ganar, perder, derrotar, fracasar...
Y es una sensación ajena a quién haya sacado más votos o menos. Siento que la mayor parte de los votos no han sido en positivo, si no en negativo: para que no gane el otro.
Y no entiendo los gritos no contenidos de los ganadores (¿?), y no comprendo la sensación de derrota de los perdedores (¿?). No lo entiendo. Quizá yo esté equivocada. Pensaba que el objetivo de todo esto era que la gente que comparte un mismo territorio sea cada vez más próspera, más feliz en suma. Lo siento, pero los verbos ganar y perder no me encajan en esta definición.
Y sólo veo ira y cólera, y sigue sin encajarme. No se trata de eso. Para mi no.
Y vuelvo a mirar a Salvador, cuyo nombre suena a ironía, y cada vez entiendo menos. Luis Llach escribió I si canto trist para Salvador. En ella se dice, entre otras cosas:
Pues yo amo el canto
de la gente de la calle
con la fuerza de las palabras
enraizadas en la razón
Ojalá sepamos hacer que nuestras palabras sean el tronco y la razón las raíces. Ojalá sepamos despojarnos de tanta ira. Ojalá la muerte de Salvador esté cada vez más lejos de nosotros, de todos.
Si no la habéis visto aún, ved la película. Y, por favor, os pido que no la miréis desde el odio, si no desde esa libertad por la que le mataron.
Si podemos vivir libres de odio, seremos verdaderamente libres.
Gracias, Salvador.
Y me ha hecho mirar ayer de otra manera. Y me ha hecho recordar que hace muy poco tiempo, apenas unos días, no había debates, ni carteles, ni programas políticos. No había jornada de reflexión porque reflexionar estaba prohibido. Y, si a alguien se le ocurría pensar y decir, peor para él. Y por eso la importancia de ayer hoy se me multiplica por mil.
Y, francamente, me da vergüenza. Vergüenza que hayamos convertido aquella lucha en este circo, vergüenza que se manipule, que se utilice, que se insulte, que se invente, que se retuerza. Me da vergüenza. Y vuelvo a sentirme anacrónica, como me pasa millones de veces, cuando escucho ganar, perder, derrotar, fracasar...
Y es una sensación ajena a quién haya sacado más votos o menos. Siento que la mayor parte de los votos no han sido en positivo, si no en negativo: para que no gane el otro.
Y no entiendo los gritos no contenidos de los ganadores (¿?), y no comprendo la sensación de derrota de los perdedores (¿?). No lo entiendo. Quizá yo esté equivocada. Pensaba que el objetivo de todo esto era que la gente que comparte un mismo territorio sea cada vez más próspera, más feliz en suma. Lo siento, pero los verbos ganar y perder no me encajan en esta definición.
Y sólo veo ira y cólera, y sigue sin encajarme. No se trata de eso. Para mi no.
Y vuelvo a mirar a Salvador, cuyo nombre suena a ironía, y cada vez entiendo menos. Luis Llach escribió I si canto trist para Salvador. En ella se dice, entre otras cosas:
Pues yo amo el canto
de la gente de la calle
con la fuerza de las palabras
enraizadas en la razón
Ojalá sepamos hacer que nuestras palabras sean el tronco y la razón las raíces. Ojalá sepamos despojarnos de tanta ira. Ojalá la muerte de Salvador esté cada vez más lejos de nosotros, de todos.
Si no la habéis visto aún, ved la película. Y, por favor, os pido que no la miréis desde el odio, si no desde esa libertad por la que le mataron.
Si podemos vivir libres de odio, seremos verdaderamente libres.
Gracias, Salvador.
3 comentarios:
A mí me resulta igual de vergonzoso, pero como reflejas en el primer párrafo, es una verguenza un tanto de boquilla. Somos muy afortunados, mucho más de lo q nos creemos, y sólo hay q echar un vista a nuestro alrededor. Pero sí, más q política, reality-show.
"Ojalá sepamos hacer que nuestras palabras sean el tronco y la razón las raíces" (si Kant pudiese leerte, sin duda estaría muy orgulloso de ti x)
Beso.
bueno, España es una joven democracia con viejas heridas, y todo requiere su tiempo. Y más la libertad! Hay quién no sabe utilizarla ni disfrutarla.
Lo importante es recorrer el camino. A mí no me disgusta demasiado pues el juego democrático es ese y lo que importa es que los ciudadanos son los que ganan pudiendo participar de él.
Dentro de unos años veremos cuán aquilosado es este sistema y cuán basado esta en el neoliberalismo, será entonces el momento de responder a grandes preguntas.
El día que dejemos de ser anti esto o anti aquello y seamos pro esto a pro aquello, dejaremos de alimentar la violencia, la envidia, la falsedad...
prefiero levantar mi voz a favor de la paz que en contra de la guerra.
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