El 17 de mayo murió Benedetti. Cinco días antes, el 12, lo hizo Antonio Vega. Y sin embargo no siento vacío por ello, porque cada vez que quiero tenerles cerca me basta con abrir un libro, escuchar una canción, dar un botón. Eran creadores de vida, por eso su muerte lo es un poco menos.
Creo que todo ser vivo tiene la obligación de crear vida a su paso, si así lo hiciéramos la muerte tendría otro nombre. O al menos ese nombre nos dibujaría una sonrisa, como me hace a mi cuando pienso en ellos.
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