jueves, 23 de octubre de 2008

la estación





no recuerdo su nombre, ni su tamaño, ni su idioma.

pero su luz, su verde, su aire, se me llevan de golpe allí de nuevo.
a la estación de tren, sentada del revés y tú del derecho, como siempre.
a ese gris de tarde de un día lleno.

y tu mano en mí y tu sonrisa en todas partes.

"¿subimos al tren?", dijiste.

y yo no contesté por miedo a romperlo.


2 comentarios:

Carlos dijo...

aquel tren sin destino,
aquellas jornadas sin agenda,
aquel precicipio de placer,

...

y la vída se entrelaza sin fin,
y los días se suceden,
y el precipicio no advierte final.

Carlos dijo...

Parece que el tren tenia destino, y ahí nos dejo. El problema es que perdimos el siguiente, y ahora hay que esperar