no recuerdo su nombre, ni su tamaño, ni su idioma.
pero su luz, su verde, su aire, se me llevan de golpe allí de nuevo.
a la estación de tren, sentada del revés y tú del derecho, como siempre.
a ese gris de tarde de un día lleno.
y tu mano en mí y tu sonrisa en todas partes.
"¿subimos al tren?", dijiste.
y yo no contesté por miedo a romperlo.
2 comentarios:
aquel tren sin destino,
aquellas jornadas sin agenda,
aquel precicipio de placer,
...
y la vída se entrelaza sin fin,
y los días se suceden,
y el precipicio no advierte final.
Parece que el tren tenia destino, y ahí nos dejo. El problema es que perdimos el siguiente, y ahora hay que esperar
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